Trinidad Lopetegui, directora de Galería CIMA: “Queremos aportar desde nuestra trinchera, que es el arte y la cultura”

El 18 de octubre de 2019 transformó de manera radical el panorama de todos los chilenos. La Galería CIMA no ha sido ajena a esto, pues, desde la altura, lleva registro de la transformación de Baquedano y de una nación.


Por Gabriela Tapia

Desde el último piso se ve a la gente pasar por la Plaza Dignidad, otrora Plaza Italia. Se escucha la  música y los gritos de la gente manifestándose. Mientras, en la galería CIMA reina una extraña tranquilidad, justo en el epicentro de la protesta social en Santiago. Desde el 24 de octubre filman todo lo que se mueve entre las calles Alameda, Vicuña Mackenna, Providencia y Merced.

Todo comenzó como una transmisión casual con un teléfono celular y terminó –o empezó mejor dicho– transformada en una ventana siempre abierta, donde todo el mundo ha sido testigo de lo que sucede en la Plaza Baquedano. De hecho, hasta el día de hoy muestra minuto a minuto el devenir de la llamada “Zona Cero”, sin interrupciones.

A un par de días de conmemorar el 18 de octubre, conversamos con Trinidad Lopetegui, directora de Galería CIMA. Este último año ha sido de profundos cambios para el espacio de arte que, en medio del punto más álgido de las marchas, ha sabido transformar su rol social y artístico. 

¿Qué pasó tras la viralización de las transmisiones?

Ahí empezamos a ser mucho más conscientes de lo que significaba y de cómo esta cámara aportaba al movimiento y a la ciudadanía, también a los vecinos de acá de la zona para poder llegar a sus casas, o a la gente que venía a manifestarse para saber por qué lado era seguro. 

Se transformó en una herramienta de actividad pública y, como nosotros tuvimos que mantenernos cerrados, básicamente nos empezamos a dedicar a eso y a abrir el espacio a fotógrafos, artistas independientes para que pudiesen registrar todo lo que acontecía.

Por supuesto que ahí decidimos cerrar el ingreso a todos los que nos cotizaron de los canales de televisión y medios tradicionales. Decidimos hacer nuestra ruta por el otro lado, porque realmente no estamos de acuerdo en cómo la prensa toma y trabaja estos temas. 

¿Fue problemático el que se colgaran de su transmisión pese a la negativa?

Exacto. Ese fue Canal 13. Estaban ellos en vivo y un amigo nos llamó para contarnos que estaban utilizando nuestra cámara. Claro, todos nos solicitaron acceso, nos cotizaron y nosotros les dijimos que no. Cuando nos dimos cuenta de esa situación, fuimos a imprimir rápidamente a la oficina un cartel y lo pusimos delante de la cámara. 

Efectivamente eso salió en vivo. Para nosotros era súper importante visibilizar lo que estaban haciendo los canales y que nos pasaron a llevar, porque tenemos todos los derechos intelectuales de nuestra obra. Ellos pasaron por arriba nuestro, pero pudimos hacer esa funa y eso fue realmente maravilloso: poder evidenciarlo y que se visibilizara, porque todos sabemos que la televisión miente, pero aquí lo pudimos comprobar.

En el interior de la Cima

Con una vista privilegiada de la zona de conflicto, las imágenes de violencia y de unidad se mezclaban en un caótico paisaje. Ambas suponían un Chile distinto al que, hasta ese momento, conocían los ciudadanos. Y eso trajo consecuencias.

El estallido no es algo que se esperaban.

Sí, totalmente. Desde que nosotros llegamos acá, partimos en otra realidad en el fondo, con un espacio con vistas maravillosas y encantadoras. El primer impulso que tuvimos fue que este espacio se pudiera abrir a la comunidad.

Se nos venía una temporada altísima. De hecho, el 19 de octubre teníamos un evento acá que se tuvo que suspender como a la 1 de la mañana de ese sábado. Estábamos todos atentos a las noticias del día porque, justamente, ese viernes no vinimos a la galería: como teníamos ese evento íbamos a estar todo el sábado trabajando. Luego ya no pudimos acceder acá. Ni siquiera el domingo. Lo intentamos, pero no lo logramos, porque había justo represión acá abajo. Recién conseguimos entrar el lunes 21 a la galería. 

¿Cómo fue el proceso? 

Vivimos meses muy intensos en que dormíamos muy poco, estábamos la mayor parte del día acá en la galería. Fue muy desgastante también porque, al estar desde acá, estamos todo el día recibiendo todo este contenido: toda la violencia, pero también las cosas hermosas. 

Porque claro, esto es algo súper polarizado. Por una parte todos sentimos que esto está muy bien, que era algo súper necesario y que tenía que suceder, que no podíamos continuar de la manera que estábamos viviendo como país, como seres humanos. Pero por otro lado está toda esta carga, toda la violencia, la fuerza desmedida por parte de las fuerzas policiales. 

Pasamos por momentos donde nos sentimos bien amedrentados también. Tuvimos mucho miedo en varias ocasiones: nos apuntaron una vez los pacos a quemarropa, a un metro y medio estando abajo, tratando de ingresar a la galería. Así vivimos muchas situaciones muy complejas que nos tuvieron a todos bien afectados, durmiendo mal. Yo estuve con pesadillas mucho tiempo. Yo creo que así es como lo vivimos todos. A nivel emocional fue tremendo y ahora, sumado a la pandemia, también.  

¿Se ganó? ¿se perdió? 

Por supuesto, ambas cosas. El que se hayan suspendido todas nuestras actividades y espacios organizados previamente, de música, de arte, de poder abrir este lugar a la comunidad, eso es lo que a mí me entristece muchísimo. Siento que es parte del precio que tenemos que pagar y, en ese sentido, es el mínimo, porque hay personas que están muertas, hay personas que están mutiladas. 

Reinvención del espacio

Lo que partió como un espacio abierto de arte, con música y movimiento, pasó a ser un lugar de silencio, reflexión y demostraciones. En cuestión de días, CIMA tuvo que cancelar sus agenda de eventos y volver a pensar su territorio. 

Antes hacían exposiciones en la galería, pero con el estallido todo cambió.

Exacto. Para nosotros se suspendió absolutamente todo: era super difícil el ingreso a la galería. Muchas veces nos tuvimos que quedar acá a dormir, porque no podíamos salir. 

Desde ese momento, básicamente nos pudimos sostener por la campaña que lanzamos en diciembre de donaciones y apoyo para poder seguir sosteniendo el proyecto y poder seguir con la cámara. Fue maravilloso contar con toda la ayuda de nuestra audiencia, lo que nos permitió sostener todos esos meses el espacio. Nosotros nos dedicamos a eso, a seguir con la cámara, a generar acciones políticas con artistas para también poder aportar desde nuestra trinchera, que es el arte y la cultura

Poder aportar desde ahí al movimiento social, porque el arte siempre es político: tiene esa carga y es super necesario poder visibilizar a través del arte las demandas sociales. Es una perspectiva súper privilegiada de la zona cero, entonces nos parecía fundamental hacer nuestra colaboración también desde ahí.

¿Cuál es la manifestación que más los marcó?

Chuta, muy difícil tu pregunta, porque yo creo que cada acción ha respondido a ciertos hitos importantes, donde cada uno tiene su impacto. Por ejemplo, Luz para la Memoria conmemoraba a todas las personas que habían perdido la vida desde el inicio de las manifestaciones. Para mí esa carga simbólica es tremenda, es maravilloso poder entregar luz a esos procesos, poder sanar a través del arte. Creo que el arte tiene ese poder transformador

Esa acción fue muy potente, pero yo creo que todas lo fueron. La primera vez que accionaron los Trimex tampoco lo voy a olvidar, porque fue histórico. El año nuevo también, porque había muchísima gente. Delight, el 8M. Es súper difícil quedarme con una, porque creo que cada acción ha tenido algo detrás: un discurso, una energía, un amor por lo que hacemos.

¿Qué críticas han recibido?

Eso es algo también interesante que ha sucedido, que a mí no me deja de sorprender. Tiene que ver con que todos los que están en contra del movimiento social creen que estas acciones son financiadas incluso por Maduro, así de absurdo. No entienden que el arte siempre ha sido resistencia, siempre ha tenido que luchar por existir. 

Somos muy creativos en ese sentido: podemos resolver con nada de financiamiento un montón de cosas con solo el hecho de tener una convicción por lo que estamos haciendo. Nos hace tanto sentido aportar, que lo hacemos incluso sin que haya plata de por medio. Creo que eso es algo que cuesta entender, sobretodo a la élite, que las cosas funcionan sin lucas de por medio.

La vuelta a octubre

El pasado viernes 3 de octubre 2020, efectivos de carabineros empujaron a A.A. (16) al río. Para Trinidad, su caída solo fue un recordatorio de octubre del año pasado y de la Historia de Chile. 

¿Cómo recibieron este primer viernes de octubre 2020?

Fue realmente algo que no nos imaginamos que iba a pasar, sobretodo tan literal y también uniéndolo a la memoria. O sea, todas las imágenes que existen de cuerpos en el río Mapocho y todo lo que sabemos que ya sucedió en dictadura… A nivel simbólico era muy potente. Imágenes del cuerpo de un niño de 16 años ahí, fue realmente devastador. 

Creo que más que nunca ahora sentimos ansias y ganas de real justicia por todo lo que ha pasado. Creo que este país está en deuda con todos los ciudadanos, está en deuda con todas las familias de detenidos desaparecidos que todavía no pueden cerrar esos proceso y que llevan todo este tiempo sufriendo. 

¿Cómo se ven a futuro?

Estamos preparados para continuar, pero es súper lamentable que a un año tengamos nuevas luchas por las cuales seguir peleando. Eso es súper doloroso: si bien hemos ganado ahora el proceso constituyente, también es algo que va a implicar un largo proceso y hay causas que se necesitan resolver ya.

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