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Sin internet ni sistema de calefacción: escuelas rurales y jardines de la región de Los Lagos resisten la pandemia y el abandono del Estado

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Ajenos a los dimes y diretes entre el ministro Raúl Figueroa y el Congreso, en la Provincia de Llanquihue los recintos educacionales públicos culminan el primer semestre. Fast Check CL visitó cuatro de ellos, recogiendo el testimonio de sus protagonistas y las dificultades que ha implicado la presencia del virus, sumado a las carencias en infraestructura y conectividad.


Por Elías Miranda

A trece kilómetros de Los Muermos, en la carretera que conecta esta comuna con la ciudad de Puerto Montt, la lluvia es incesante. Camiones a gran velocidad desfilan uno tras otro, levantando un ventarrón de agua que azota el muro del paradero y las personas que esperan pacientemente su transporte. A 50 metros de este paradero se encuentra la Escuela Rural de Paraguay Chico, perteneciente a una pequeña localidad con casas espaciadas por varios metros entre sí. 

La escuela exhibe en su entrada una pared repleta de cuadros que atesoran la nostalgia de las generaciones pasadas —incluida una fotografía de la visita que realizó la primera dama, Cecilia Morel, hace 10 años atrás. Mylen Torres, profesora encargada del recinto, nos recibe en su oficina. La toma de temperatura y el alcohol gel son requisitos intransables para ingresar a esta edificación de madera, que luce cuatro chimeneas humeantes. 

«Incertidumbre». Esa fue la primera expresión que espetó la docente al repasar un convulsionado 2020. Tras un año en que la comunidad escolar tuvo que adaptarse a una modalidad sin precedentes, los profesores se desplegaron por paisajes recónditos con el objetivo de abastecer a los 85 alumnos y alumnas que componen la escuela, con guías y  material de aprendizaje, todo mientras se intentaban adaptar sobre la marcha. Cuenta que los primeros lineamientos del Ministerio de Educación (Mineduc) llegaron a mediados de año. En tanto, a las familias se les facilitó tablet y cajas de alimentos.

Al recorrer el pasillo, una estudiante que camina con su mascarilla roja, inclina su mirada hacia el ventanal en donde se aprecia el patio, con juegos, autos y un gimnasio. La lluvia no se detiene. Mylen nos comenta sobre el principal problema del establecimiento escolar: acceso a internet. La señal es deficiente y ya han probado con otros proveedores, pero la situación no ha mejorado, considerando que desde que retornaron a clases en mayo, todavía hay una importante cantidad de estudiantes que no asisten y los profesores deben proporcionar sus contenidos vía telemática.

La presencialidad (dependiendo de la fase en la que se encuentre la comuna), tal como lo establece el Mineduc, es voluntaria. En un comienzo, el panorama no era muy auspicioso. Llegaban 20 estudiantes en las primeras semanas, luego se sumaron más, hasta completar un promedio de 40 diarios, aproximadamente. En las salas los pequeños de primero y segundo básico escriben bajo las instrucciones de la “tía”. Los de octavo son los más numerosos, en cambio, en el séptimo solo llegó una estudiante.

En relación a las bajas temperaturas del lugar, nos dice: «tenemos estufas a leña para las salas, a pesar de que la madera nos llega húmeda», lo que dificulta una correcta combustión, generando un desequilibrio de temperatura en los distintos espacios. Hasta la fecha, en la Escuela Rural Paraguay Chico no se ha registrado ningún contagio que impida las actividades del establecimiento.

Falta de calefacción e internet

Veintiséis kilómetros al noreste de Paraguay Chico, el pasto resbaladizo impide una caminata normal. La escarcha se extiende como una alfombra, dejándose caer en las chaquetas y gorros de los niños que entran a la Escuela Rural de Cañitas (Los Muermos). El clima gélido se cuela por los orificios, en días que la temperatura es inferior a los 0°. Encender las estufas a leña y pellet es la primera tarea del día, no así en dos salas de pre básica (pre kinder y kinder) que no cuentan con un sistema de calefacción, luego de que en 2020 se restaurarán las aulas y el trabajo fuera incompleto. Los profesores han tenido que comprar sus propios calentadores (eléctricos) para sobrellevar el frío que colma la techumbre de humedad y hongos.

En tanto, la conectividad durante 2020 y 2021 ha sido una contrariedad en la preparación de las clases. Ni el Mineduc ni la Municipalidad (por ese entonces a cargo) facilitaron herramientas para los profesores que utilizaron su propio internet para impartir sus contenidos, situación similar en este semestre en que las instalaciones de la escuela recibe una señal «deplorable». Fast Check CL se contactó con el director de la escuela para conocer con mayor detalle la situación de la comunidad, sin embargo, se excusó por problemas de agenda. 

Escuela Rural de Cañitas.

Mariela Paredes nos acoge en su casa. Trabaja como asistente de aula en la Escuela Rural de Cañitas desde 2017. Su vida ha girado en torno al cuidado de niños y niñas, trabajando en Aldeas Infantiles SOS en el pasado. La aparición del virus le afectó personalmente: «Mi reacción fue de mucho miedo por una situación que nunca habíamos vivido. Fue difícil adaptarse al 2020 porque soy una persona de piel y el contacto es muy importante para mi». Aunque la vuelta a la presencialidad le significó mucha alegría, por protocolo, el vínculo emocional y afectivo con los alumnos se limita a palabras y sonrisas que se esconden detrás de la mascarilla.

«Me tocó suplir la ausencia de la profesora titular por un mes», comenta aliviada, sabiendo la responsabilidad que aquello implica. El profesor suplente nunca llegó, pero con la experiencia de años sacó adelante la tarea. Ha sido testigo de los efectos que la pandemia ha generado en los estudiantes: varios llegaron con dificultades para leer, sumar y restar. Sin embargo, destaca que «ellos lo único que querían era regresar, y me decían que no querían irse de vacaciones. Extrañan a sus compañeros, lo que siempre esperan es jugar con el otro, correr por el patio, relacionarse».

La Escuela Rural de Cañitas está con clases presenciales desde marzo y tuvo un brote de contagios en junio, lo que significó la suspensión de clases por una semana, además de la continua interrupción de sus actividades por su calidad de locación electoral.

La ausencia del Mineduc

De apariencia fantasmagórica, en el Colegio de Nueva Braunau se escuchan voces y risas que se cruzan, evocando una de las tantas iglesias luteranas distribuidas en la zona. A 10 minutos de Puerto Varas, la localidad fundada por alemanes tiene poco más de 3 mil habitantes. Con estudiantes de primero a cuarto medio, la comunidad escolar ha respondido bien a la pandemia, en parte, por el uso previo de herramientas digitales, como GSuit y Classroom de Google. Esto facilitó la labor de los docentes y el estudiantado que ya contaba con capacitación en materia digital.

Juan Bautista Rodriguez, director del Colegio, asumió el cargo en 2019 con un triple sello: Artes, Innovación y Sustentabilidad. Conversa con nosotros mientras supervisa un taller de pintura con alumnas que trazan paisajes en cuadros. «Contamos con una cuadrilla sanitaria triestamental que nos ha permitido mantener un protocolo acorde a las necesidades del momento», expresa. El también Doctor en Educación es escéptico sobre los efectos de la pandemia en el estudiante: «A mi juicio, no se ha realizado un trabajo totalmente acabado sobre el impacto en el aprendizaje y todo lo que conlleva. Falta más estudio». Agrega que por ejemplo, en Braunau «se les realizó una prueba de diagnóstico y los resultados fueron buenos, ya sea en contenidos como también en el área psicoemocional».

Cartel de aforo en el pasillo. Colegio Nueva Braunau.

No obstante, Rodriguez es crítico de la gestión del ministro de Educación, Raúl Figueroa, y señala que la administración del secretario de Estado «ha sido nefasta» y añade que el Mineduc «estuvo ausente en todo 2020» en Nueva Braunau. Expresa que no pretende «caer en el cliché de decir que el ministro no tiene calle, pero no ha mostrado suficiente entendimiento de las condiciones en las que están los colegios y escuelas públicas». El gimnasio del Colegio se encuentra cerrado por obras incompletas que llevan más de un año. «Estamos al filo del protocolo porque no contamos con el lugar para actividades físicas», indica. Los trabajos fueron encargados por la Municipalidad de Puerto Varas.

Respecto a las necesidades más urgentes del colegio, el director apunta más allá de un punto en particular. Se acomoda la mascarilla y articula: «Lo que resulta urgente es una política pública universal que le garantice conectividad a los profesores y estudiantes a nivel nacional.Tenemos profesores que utilizan su propio internet (móvil) para mantener al día a los estudiantes», finaliza.

Entre goteras y mascarillas

Alejado de la sofisticada zona céntrica y a las residencias situadas con vista al volcán Osorno, está el Jardín y Sala Cuna Arco Iris, ubicado en la población Lago Llanquihue de Puerto Varas. No es fácil acceder entre la variedad de pasajes y calles a su alrededor. En medio de casas revestidas de lata que suenan como tronadores por la persistente lluvia, pequeños infantes y apoderados celebran un concurso de fotografía que reúne diversos recintos de la provincia. En el instante que termina la ceremonia, decenas de niños y niñas salen de sus aulas y revolotean por el lugar, corriendo entre los asistentes y las educadoras de párvulo que no pierden de vista en ningún instante cada uno de sus movimientos.

«Durante este tiempo tengo presente dos impactos», comenta Claret Brange, directora del jardín que hasta la fecha cuenta con 118 pequeñas (os). El primer punto de inflexión fue el miedo que generó la aparición del Covid-19 que puso en jaque al personal, viéndose obligado a adecuarse a nuevas tecnologías y al desapego de no poder enseñar. «El segundo impacto fue cuando para el día del niño nos dividimos para visitar a las familias, con música y dulces. Les llevamos una bolsita pequeña, pero para ellos fue como si le llevaramos una bicicleta de regalo. Fue una alegría enorme de que los hayamos ido a ver», dice, sollozando por un breve momento. 

Educadoras y alumnos. Jardín Infantil Arco Iris.

Al ingresar a una de las aulas, dos educadoras llevan consigo una pechera celeste y mascarilla. «Nuestra idea es cumplir el protocolo al pie de la letra. Una vez no contábamos con los elementos y tuve que suspender la jornada. El sostenedor no podía creerlo, pero acá está primero la vida», comenta Claret, de manera categórica. En tanto, tres niñas juegan con sus figuras, ojean libros y conversan con otros dos niños que miran atentamente nuestra presencia.

Recorriendo las instalaciones del jardín, cerca de la entrada, hay una estufa a leña que no funciona, sosteniendo encima un balde que almacena el agua de una gotera que cae desde el cañón. «Está mala esa cuestión», comenta Claret. Se percibe un cambio de temperatura al salir de la sala hacia el salón principal. Se infiere que hay patrones comunes entre las escuelas y el jardín Arco Iris: las parvularias deben abastecerse de internet desde sus teléfonos celulares porque la conectividad del establecimiento no les funciona y el sistema de calefacción no es del todo óptimo.

La asistencia se divide por días para mantener a raya el aforo y una adecuada ventilación del lugar. Nada se le escapa a la directora del jardín, que sonríe mientras un niño de origen haitiano se divierte tocando un acordeón frente a sus compañeros. Desde el exterior un aguacero refriega las ventanas con vehemencia. A las 16:30 los padres se congregan para llevarse a sus hijos (as). 

Cambio de sostenedor

El Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Llanquihue asumió 84 establecimientos en enero de 2021, esto por la ley 21.040 que en 2017 creó una nueva institucionalidad. Anteriormente estaban bajo la tutela de los municipios, específicamente en la Dirección de Administración de Educación Municipal (DAEM).

Fast Check CL se comunicó con el SLEP Llanquihue para conocer su plan de trabajo y el desafío de levantar y subsanar las precariedades por las que atraviesan los recintos. Desde comunicaciones nos señalaron que «al recibir este año los Establecimientos Educacionales, estos presentan falencias de infraestructura y conectividad graves, los que actualmente estamos abordando. Debido a la pandemia, el año 2020 las escuelas, jardines y liceos permanecieron cerrados, por lo tanto, su mantención fue escasa o nula en algunos casos». 

Respecto a los problemas de internet, «entre Agosto y Octubre de este año los establecimientos educacionales del SLEP, serán favorecidas con el programa de Conectividad 2030, que entrega y mejora las condiciones de conectividad a Internet por vía microondas, satelital y fibra óptica. En particular, la conectividad en zonas rurales es un tema complejo por la factibilidad técnica, la que en muchos casos no existe o es muy limitada», indica la institución.

Consultados por los sistemas de calefacción, el SLEP manifestó que «desde el año 2020, la Unidad de Infraestructura del SLEP, ha realizado el diagnóstico de la infraestructura y de esta manera estamos abordando las principales deficiencias en aspectos de Calefacción, Servicios higiénicos, electricidad, agua potable y alcantarillado».

Durante el primer semestre, el SLEP realizó un catastro de todos los estudiantes, la cual arrojó que el 72% de los estudiantes cuenta con conexión a internet en sus hogares, pero que solo un 47% dispone de un equipo tecnológico para participar en clases virtuales o realizar trabajo remoto. Por esta razón, para el segundo semestre, la nueva institución entregará 700 tablets, lo que se adiciona a los más de 900 computadores con conexión a internet para alumnos de Séptimo Básico a través del Programa “Yo elijo mi PC”. Por otra parte, se entregarán 500 notebooks, para docentes y asistentes de la educación.

El viernes 9 de julio finalizó un extraño primer semestre para muchos de los niños y niñas a lo largo de Chile. En esa misma semana, el Gobierno anunció las nuevas medidas del Plan Paso a Paso, en el que los estudiantes podrán volver voluntariamente a clases presenciales en Fase 1 (cuarentena), en medio de una incertidumbre por la situación de infraestructura y conectividad en los que se encuentran muchos de los establecimientos educacionales. Voces críticas como el Colegio de Profesores han cuestionado las medidas, sin embargo, es el Estado quien tiene la última palabra y es él mismo el encargado de asegurar un regreso que garantice condiciones básicas, como Internet y abrigo, para estudiantes olvidados en los rincones más difíciles de Chile, donde educar es un compromiso de vida.

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